Pedro Sánchez Núñez: «El abate Marchena lamentaría la confusión de las ideas democracia y derecho»

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27 de agosto

– ¿Por qué nunca encontró su sitio revolucionario en el París de Robespierre?

Marchena era también un revolucionario y en Francia lo demostró, pero era sobre todo un humanista y un filósofo y de ninguna manera podía compartir la violencia con que Robespierre y su gente actuaban.

– Su vida estuvo marcada por el desasosiego y el fanatismo. ¿Quizás el reflejo de su lucha interior donde se peleaban la fe y el ateísmo, la realidad y el deseo revolucionario?

Ni desasosiego ni fanatismo. Si acaso Marchena era sobre todo un inconformista, que predicaba la necesidad de que todo cambiara en favor del individuo, en la política y en la religión. Aún no lo ha conseguido.

– Pese a ser el foco de los salones intelectuales de la época, Chateaubriand lo califica de «sabio inmundo y aborto espiritual». Durísimas palabras ¿no?

La prueba de la importancia de la labor de Marchena es que un personaje tan notable como el vizconde de Chateaubriand se ocupara de él y le llamara «sabio», aunque añadiera luego un insulto que le descalifica.

– Pero quizás lo que más me llama la atención de su paso por París es el racismo de algunos intelectuales y periodistas hacia su persona.

Es natural teniendo en cuenta que los franceses, y en España el fenómeno se repite desgraciadamente, consideraban que son el centro del universo, y les molestaba que un andaluz le enmendara la plana.

– Pese a ser tan deforme y enclenque creo que era todo un machote ibérico. ¿Es cierto?

Los cronistas relatan que su éxito entre las damas era inmenso. A lo mejor no eran sólo su extraordinaria cultura y su espíritu bromista, sino también otras secretas habilidades amatorias.

– Hay pasajes chocantes en su vida, como es el hecho de su enfado cuando sus compañeros son condenados a la guillotina pero él no, que lo interpreta como un desprecio político de Robespierre.

Su buen amigo Brissot, jefe de los girondinos, lo consideraba un líder con una potencia intelectual enorme, y de ahí que el abate Marchena se sintiera algo menospreciado cuando a los demás los guillotinaron menos a él.

– Algo de su fanatismo y de su febril abrazo a la causa revolucionaria parece ser una constante en la España moderna. Y siempre con dos constantes: el anticlericalismo y el republicanismo. ¿Por qué?

El anticlericalismo español es la repulsa contra la influencia de la Iglesia en la sociedad española. El republicanismo es la lucha contra el régimen dinástico. El caso español no es construir sino estar siempre a la contra.

– ¿En qué partido cree que militaría hoy Marchena?

Lamentaría la confusión manifiesta de las ideas de democracia y derechos. Él, ante la Convención, avisó de que «la soberanía del pueblo no se podía convertir en el despotismo del populacho».

– ¿Y seguiría siempre fiel a sus ideas o acabaría comprándose un casoplón en Somosaguas?

Demostró su extremada coherencia. Esa subordinación de todo a la defensa de sus ideas contra todo y contra todos le granjeó muchos enemigos y la extrema pobreza.

– Usted vivió como oficial mayor del Ayuntamiento de Dos Hermanas un tiempo político muy atractivo. ¿Qué tal se llevó con Benítez Rufo, alcalde comunista de la ciudad?

Siempre me llevé muy bien con todos los alcaldes. Con don Manuel Benítez Rufo mantuve una relación de profunda amistad, como con Francisco Toscano, un grandísimo alcalde y una excelentísima persona.

– Cuando se jubiló de la política se le hizo a Benítez Rufo un homenaje por encima de colores y creencias. ¿Fue ahí donde dijo que no se sentía muy lejano de los católicos?

Todos los sectores de Dos Hermanas le dedicaron a Benítez Rufo un homenaje. Y dijo que sin ser creyente se sentía muy cerca de sus ideales.

– Tampoco es desechable la relación de Benítez Rufo con las Hermanas de la Cruz…

Eso fue una anécdota simpática. Tradicionalmente el Ayuntamiento le daba un donativo a las Hermanas de la Cruz. Benítez Rufo lo incrementó diciendo que eran muy buenas.

– ¿Por qué cree que el anticlericalismo radical ha vuelto a ser ideario de la izquierda?

Se mezclan imprudentemente la animadversión contra los curas, a los que la izquierda considera un poder fáctico, con la negación de valores espirituales, católicos o de otro signo, que son imprescindibles.

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