El Abate y Utrera

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A menos de 30 kilómetros de Sevilla, de origen romano, aunque con vestigios de la Prehistoria en sus alrededores, Utrera es hoy una ciudad dinámica y moderna que destaca por su historia, su cultura y su gastronomía. Una joya de la provincia de Sevilla que atesora una amplia oferta de ocio y que resulta perfecta para una escapada diferente.

Su constitución se sitúa en la Edad Media, en el ámbito de la Reconquista, momento en el que sus extensas y fértiles tierras recuperadas del reino musulmán la convierten en lugar clave para el cultivo, en tanto que su posición estratégica logra hacer de ella un punto defensivo fundamental, de ahí que sea uno de los pueblos más importantes de la provincia de Sevilla.

El Abate Marchena, uno de sus hijos más ilustres y del que ahora conmemoramos los 250 años de su nacimiento, disfrutaría en este 2018 reconociendo su tiempo en cada esquina de su casco histórico, perfectamente conservado, pero también comprobando cómo la historia dialoga con la modernidad en Utrera a la manera en que lo hacen las ciudades cultas: con afán de conocimiento, siendo respetuosas con su historia y su tradición pero también abiertas y receptivas.

 

Iglesias, palacios, plazas medievales y el emblemático Castillo son algunos de los escenarios clave de esta localidad y también del Año Abate Marchena, un programa de conmemoraciones que permite al visitante disfrutar de la mejor creación en todas las ramas de la cultura y en escenarios que le trasladarán a tiempos pretéritos.

Todo ello unido al carácter acogedor de sus habitantes, su oferta de ocio rural, su carácter de capital del flamenco, la diversidad y calidad de sus platos, y su tradición repostera hacen de Utrera una ciudad única por la que pasear.

José Marchena nace en el seno de una familia acomodada, aunque solía decir que era hijo de un pastor. El apelativo irónico de Abate le viene dado por sus diatribas contra a la Iglesia y por las persecuciones a las que estuvo sometido por la Inquisición, que fue la causante de que se exiliara a Francia en 1792.

Tildado por Chateaubriand como “sabio inmundo lleno de talento”, Marchena fue un intelectual heterodoxo que introdujo en nuestro país las ideas de la Ilustración y tradujo al español a Molière, Montesquieu y Voltaire. A él le debemos haber leído ‘El contrato social’ de Rousseau y la ‘Doctrina del Liberalismo Económico’ de Adam Smith, que en su momento fueron calificados como libros prohibidos. Por eso no es de extrañar que este utrerano adelantado a su tiempo sufriera el desprecio de un amplio sector de la cultura, que temía que el pensamiento aperturista del país vecino calara en la analfabeta población española.

 Un personaje imprescindible y una vida de novela 

Su vida está llena de contradicciones: fue liberal en un mundo conservador, anticlerical pero admirador de la obra de Fray Luis de Granada, republicano y fiel servidor de José Bonaparte. Acusado de afrancesado en España durante la Guerra de la Independencia y de traidor en Francia por apoyar a los girondinos, es perseguido y encarcelado y está a punto de ser decapitado por Robespierre. En prisión comparte celda con otros revolucionarios y personajes non gratos del clero y la nobleza e inventa una nueva religión llamada Ibrashcha.

Sus historias fantasiosas plagadas de sátira continúan la estela de ‘El Observador’, una revista en la que colabora mientras estudia en Madrid y Salamanca y que se adentra en el terreno de la ciencia ficción. En ella, el escritor e historiador andaluz imagina una sociedad selenita y describe con ironía el mundo en el que vive trasladando la acción a la luna. El fuerte carácter crítico de la publicación hizo que fuera prohibida por la Inquisición y que este agitador político, que ya había firmado una ‘Oda la Revolución Francesa’, fuera denunciado por el Santo Oficio.

El Abate Marchena, que había sigo testigo en París del comienzo de la historia moderna y había defendido la libertad arriesgando su vida, muere en la miseria en el Madrid de 1821 y es condenado al olvido antes incluso de que eruditos como Menéndez y Pelayo lo tachen de “propagandista de impiedad, corruptor de la juventud española, sectario intransigente y fanático”. Para compensar aquel descrédito y reivindicar a un personaje relevante en la historia nacional, Utrera le rinde homenaje en el 250 aniversario de su nacimiento.

El año cultural en esta ciudad de gran patrimonio artístico paliará el injusto desconocimiento de este excéntrico hombre de letras y evocará la España del Siglo de las Luces con conciertos, una serie de conferencias, talleres para niños, una exposición de artes plásticas, el montaje de su obra clásica ‘Polixena’, un ciclo de artes escénicas, una opereta de Rousseau, la creación de un jardín romántico y la reproducción del Salón de Madame Staël, que aprovechará la tradición repostera de la localidad andaluza para recuperar la gastronomía de entonces y llevarnos a una de aquellas tertulias que frecuentaron las personalidades más ilustres de la época. Un programa multidisciplinar con el que Utrera vivirá su auténtico año de las luces, rescatará a su paisano y se consolidará como un lugar de referencia cultural.

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